La intención puede resultar atractiva en el plano discursivo. Sin embargo, cuesta encontrar señales concretas de federalismo cuando las provincias reciben menos recursos, la obra pública nacional prácticamente ha desaparecido de buena parte del país y los gobiernos locales deben asumir cada vez más responsabilidades con menos herramientas para hacerlo.
El equilibrio fiscal es importante. Nadie puede desconocer la necesidad de administrar con responsabilidad los recursos públicos. Pero también es legítimo preguntarse quiénes terminan soportando el costo de ese ordenamiento. Porque mientras la Nación exhibe indicadores macroeconómicos como principal argumento de gestión, las consecuencias de muchas de esas decisiones se viven diariamente en las provincias y, especialmente, en los municipios.
En los hechos, estamos asistiendo a una creciente municipalización de la crisis. Ante el retiro del Estado nacional de áreas estratégicas y la insuficiencia de respuestas en distintos niveles de gobierno, son los municipios los que terminan dando respuestas a las demandas más urgentes de los vecinos. Son los que sostienen infraestructura básica, atienden situaciones sociales complejas, acompañan a sectores vulnerables y enfrentan problemas que exceden ampliamente sus competencias originales.
Lo hacen, además, con presupuestos limitados y sin contar con muchos de los recursos que años atrás llegaban a través de programas nacionales o convenios específicos.
Por eso llama la atención que se presente como una profundización del federalismo un esquema en el que la Nación concentra recursos mientras delega obligaciones. La autonomía municipal es un valor fundamental del sistema democrático, pero no puede transformarse en una herramienta para trasladar responsabilidades sin el financiamiento correspondiente.
Entre Ríos necesita responsabilidad fiscal, pero también necesita crecimiento, producción, empleo e inversión. Necesita rutas, infraestructura, desarrollo energético y una defensa firme de los intereses provinciales frente a las decisiones del poder central.
El federalismo real no se construye únicamente en reuniones institucionales ni en declaraciones públicas. Se construye cuando cada nivel del Estado dispone de los recursos necesarios para cumplir adecuadamente con las funciones que le corresponden.
Si verdaderamente se pretende inaugurar una nueva etapa en la relación entre Nación y provincias, el debate no debería limitarse exclusivamente a las cuentas públicas. También debería incluir una discusión profunda sobre la distribución de los recursos, la equidad territorial y el modelo de desarrollo que se proyecta para el interior argentino.
De lo contrario, seguiremos escuchando discursos sobre federalismo mientras los problemas continúan descendiendo escalón por escalón hasta recaer, una vez más, sobre los municipios y, en definitiva, sobre los vecinos.
Por Juan Martín Garay
Abogado y concejal de Concepción del Uruguay
