La propuesta de avanzar con la construcción de un hotel de categoría en la Isla del Puerto, impulsada públicamente por el concejal Pablo Presas, generó una respuesta crítica por parte del ingeniero Leonardo José Hoet, quien difundió un extenso análisis en el que cuestiona tanto algunos datos utilizados para fundamentar el proyecto como sus posibles consecuencias ambientales.
Hoet, quien se presenta como conocedor de la zona desde hace más de 60 años, sostiene que la discusión no debería centrarse únicamente en la posibilidad de generar una nueva propuesta turística, sino en qué impacto tendría una infraestructura de esas características sobre una reserva natural.
Cuestionamientos a la información presentada
Uno de los primeros puntos señalados por el ingeniero está relacionado con la ubicación del Faro Stella Maris en la representación utilizada para explicar el proyecto.
Según Hoet, la ubicación mostrada no coincidiría con la posición real del faro. En su análisis aporta coordenadas y sostiene que el faro se encuentra aproximadamente 350 metros más al noreste de la ubicación indicada en la imagen cuestionada.
También objeta la afirmación de que algunos de los denominados “ranchos” existentes en la zona cuentan con servicios.
“Los ranchos NO tienen energía eléctrica, no tienen cloacas, no tienen agua corriente, no tienen barrido ni alumbrado público”, sostiene el ingeniero, quien explica que la iluminación que puede observarse en algunos sectores podría provenir de grupos electrógenos, baterías, paneles solares o molinos de viento.
A partir de estos dos puntos, Hoet cuestiona la precisión de la información utilizada en la presentación y plantea que existen elementos que deberían ser revisados antes de avanzar con una propuesta de intervención de esas características.
La principal preocupación: el impacto sobre la fauna
El análisis dedica buena parte de su contenido al posible impacto que tendría la presencia permanente de personas en la reserva.
Hoet plantea que los horarios restringidos de acceso a parques naturales, reservas y áreas protegidas tienen como objetivo reducir la intervención humana sobre los ciclos naturales de la fauna, particularmente durante la noche.
En ese sentido, recuerda que actualmente la Isla del Puerto permanece cerrada entre las 00:00 y las 07:00 y plantea una pregunta central respecto del funcionamiento de un eventual establecimiento hotelero: cómo se compatibilizaría la actividad de los huéspedes, la iluminación y los ruidos con las restricciones nocturnas que actualmente se aplican en el área.
El ingeniero cuestiona así la idea de que la construcción de un hotel no tendría consecuencias sobre la fauna.
Como ejemplo, menciona establecimientos turísticos ubicados en áreas naturales y sostiene que la presencia permanente de personas, iluminación y actividad humana modifica el comportamiento de los animales.
También cuestionó la posibilidad de incorporar salas de juego
Otro de los aspectos planteados por Hoet está relacionado con la posibilidad de incorporar salas de juego dentro de una propuesta turística de estas características.
El autor reclama que, antes de considerar esa alternativa, se conozca con números concretos cuánto aportan actualmente las salas de juego a la ciudad y qué beneficios económicos reales representan.
La crítica apunta a discutir si una actividad de ese tipo generaría efectivamente un beneficio para Concepción del Uruguay y bajo qué condiciones.
Qué propone revisar antes de avanzar
En su análisis, Hoet plantea además una serie de cuestiones vinculadas con el proyecto original de la Isla del Puerto.
Entre ellas, propone revisar cómo estaba previsto originalmente el paseo del Faro Stella Maris y compararlo con la obra finalmente ejecutada.
También reclama información sobre la forestación compensatoria. Según sostiene, el proyecto original contemplaba que por cada árbol extraído se plantaran otros tres, mientras que estima que durante las obras se retiraron más de 3.000 árboles.
Por eso plantea conocer cuántos ejemplares fueron efectivamente plantados en reemplazo y si se cumplió con lo previsto.
Guardafaunas y mantenimiento
Otro de los cuestionamientos apunta al funcionamiento de la reserva.
Hoet sostiene que el estudio de impacto ambiental realizado para el proyecto original de la Isla del Puerto establecía la necesidad de contar con al menos seis guardafaunas para garantizar el mantenimiento y cuidado del área.
Sin embargo, afirma que actualmente existiría un solo puesto de guardafauna, conseguido a partir de las gestiones de la directora del lugar.
Para el ingeniero, este antecedente debería ser considerado antes de pensar en una nueva intervención de mayor escala.
La pregunta que plantea es concreta: si existen dificultades para cumplir con las condiciones de mantenimiento y protección previstas para el proyecto actual, quién garantizaría esas obligaciones ante una nueva iniciativa privada de mayor envergadura.
El problema del agua potable
En el tramo final de su análisis, Hoet lleva la discusión hacia otra problemática que considera prioritaria para la ciudad: el abastecimiento de agua potable.
Propone imaginar qué ocurriría si se produjera nuevamente una rotura en el caño que transporta agua desde la toma hasta la planta potabilizadora, como ocurrió semanas atrás.
El planteo adquiere especial relevancia, según el autor, debido a la situación actual del río Uruguay, que —de acuerdo con los datos consignados en su escrito— se encontraba en 4,23 metros y en creciente.
Hoet sostiene que, en esas condiciones, el punto donde se produjo la rotura anterior se encuentra aproximadamente 1,4 metros bajo el agua, dificultando el acceso para realizar reparaciones.
Por eso considera que ese tipo de problemas debería formar parte de las prioridades de la agenda pública antes que avanzar con proyectos vinculados a nuevas salas de juego o grandes emprendimientos turísticos.
Una discusión que recién comienza
El planteo de Hoet abre una discusión sobre qué tipo de desarrollo turístico se pretende para la Isla del Puerto y cuáles deberían ser los límites de intervención en un área natural.
La propuesta de Presas apunta a incorporar infraestructura hotelera y servicios para potenciar el atractivo turístico del sector. La respuesta crítica, en cambio, pone el foco en la conservación, el impacto ambiental, el cumplimiento de las condiciones originales del proyecto y las necesidades de infraestructura básica de la ciudad.
Más allá de las posiciones enfrentadas, el análisis plantea una serie de interrogantes que deberían ser respondidos con información técnica, estudios ambientales y datos concretos antes de tomar decisiones sobre una intervención de semejante magnitud.
Hoet cierra su planteo con una frase que resume el eje de su posición: “La naturaleza no es nuestra, se la hemos pedido prestada a las generaciones venideras”.
