El ministro de Gobierno, Manuel Troncoso, dice ser partidario de las PASO y reconoce que “nosotros, como gobierno, somos un producto de las PASO”. Pero inmediatamente plantea una condición: que no sean utilizadas para “resolver los problemas de los dirigentes”.

En esto último podemos coincidir. Pero con una precisión fundamental: hay que resolver los problemas políticos de la política y no los problemas políticos de los políticos.

También somos resultado de las PASO, porque siempre hemos participado de internas. Y sabemos que cuando la política no logra construir un acuerdo, son los ciudadanos quienes deben tener la posibilidad de decidir.

Las PASO no fueron creadas para resolver problemas personales de los dirigentes. Fueron pensadas como una herramienta para que la ciudadanía pueda elegir entre distintas alternativas y ordenar democráticamente la representación política.

Por eso, las diferencias no desaparecen porque se suspendan las PASO.

Si hay dos candidatos, seguirán existiendo dos candidatos. Si hay tres sectores con posiciones diferentes, esas diferencias seguirán estando.

La verdadera pregunta es otra: ¿quién resuelve ese desacuerdo: los dirigentes o la ciudadanía?

Si no decide la gente, decidirá alguien

Si se eliminan las PASO, alguien tendrá que definir las candidaturas.

Y si no lo hacen los ciudadanos mediante el voto, esas definiciones quedarán en manos de quienes tengan la capacidad de sentarse a negociar y alcanzar acuerdos.

Eso no elimina la política. Pero sí puede reducir la posibilidad de que la ciudadanía participe de una parte de ella.

Las PASO tampoco obligan a competir. Si los dirigentes alcanzan un acuerdo, habrá una candidatura común. Pero cuando ese acuerdo no existe, ofrecen una salida democrática: competir, elegir y ordenar.

Troncoso también habla de la “estrechez económica” y del “hartazgo de la ciudadanía hacia la política”.

Es cierto que existe hartazgo.

Pero la respuesta a ese hartazgo no puede ser darle menos participación a la ciudadanía.

Tampoco podemos reducir una discusión institucional de esta importancia únicamente a cuánto cuesta una elección.

Si las PASO deben reformarse, reformémoslas. Si pueden hacerse más eficientes, discutámoslo. Si existen mecanismos para reducir sus costos, también deben analizarse.

Pero no confundamos el costo de la democracia con el costo de la política.

Porque cuando la política se reduce a la búsqueda personal o sectorial de poder, pierde su sentido.

Y cuando los dirigentes discuten las reglas democráticas pensando más en sus propias conveniencias que en las necesidades de la sociedad, el problema ya no son las PASO.

El problema es la política.

Más participación, no menos

La política tiene que ordenar sus espacios, construir mayorías, encontrar liderazgos y producir acuerdos.

Pero no puede hacerlo a costa de quitarle a la ciudadanía la posibilidad de intervenir cuando esos acuerdos no aparecen.

La gente dijo basta frente a una política encerrada sobre sí misma.

La respuesta no puede ser cerrar todavía más la política.

Tiene que ser abrirla.

Por eso, la frase de Troncoso puede ser compartida, pero con una precisión fundamental:

Las PASO no tienen que resolver los problemas políticos de los políticos. Tienen que resolver, democráticamente, los problemas políticos de la política.

Porque las PASO no son de los dirigentes.

Son de la ciudadanía.

Juan Martín Garay
Abogado y concejal
Concepción del Uruguay