En medio del debate creciente por hechos delictivos protagonizados por menores, Paulo González expresó una reflexión sobre la problemática de la delincuencia juvenil y la necesidad de repensar las respuestas sociales y estatales.
“Es tiempo de parar un poco y sentarnos a pensar con los jóvenes qué sociedad queremos”, sostuvo, citando además la conocida frase de Mahatma Gandhi: “Ojo por ojo y el mundo acabará ciego”.
En ese marco, advirtió que en la actualidad se tiende a buscar soluciones rápidas frente a problemáticas complejas. “Cada vez es más frecuente escuchar frases como ‘en mi época esto no pasaba’ o ‘hay que meterlos presos antes de que hagan algo peor’”, señaló.
González consideró que estos enfoques simplifican una realidad atravesada por múltiples factores, entre ellos las condiciones socioeconómicas, el rol de las familias y las limitaciones del sistema educativo. En ese sentido, planteó que “no se puede cargar toda la responsabilidad en los padres o en la escuela”, al tiempo que remarcó las dificultades estructurales que enfrentan ambas instituciones.
Respecto a las respuestas punitivas, cuestionó la idea de avanzar únicamente con medidas como la baja de edad de imputabilidad o el fortalecimiento del sistema carcelario. “Es necesario preguntarse cuál es el rol del Estado en abordar el problema de fondo”, expresó.
En su análisis, mencionó experiencias internacionales donde, según indicó, se priorizan políticas de reinserción social, acompañamiento y prevención, por sobre el castigo.
Finalmente, planteó que el abordaje de la delincuencia juvenil requiere políticas sostenidas en el tiempo, con eje en la inclusión social, la salud mental, la educación y el acompañamiento temprano.
“El desafío no se resuelve de un día para otro. Es un trabajo de años, con un Estado presente y políticas integrales que apunten a contener, incluir y generar oportunidades”, concluyó.






