El cuerpo sin vida de un ocelote fue encontrado junto a la Ruta Provincial Nº 11, al norte de Gualeguay, en un tramo que atraviesa un entorno natural todavía preservado. Todo indica que el felino fue atropellado, aunque se esperan los informes oficiales para confirmar la causa. Lo cierto es que su muerte no pasó desapercibida: vecinos y ambientalistas expresaron preocupación por la pérdida de un ejemplar perteneciente a una especie cada vez más difícil de ver en libertad.
El ocelote (Leopardus pardalis) no solo es uno de los felinos más bellos del continente por su pelaje manchado, sino también uno de los más amenazados. En Argentina, está clasificado como “Vulnerable” debido a la caza indiscriminada que sufrió durante décadas y a la pérdida de su hábitat por el avance de la frontera agropecuaria, el desmonte y el crecimiento urbano.
De hábitos solitarios y nocturnos, este animal necesita amplios territorios boscosos para cazar y reproducirse. Su presencia en un área es señal de buena salud ecológica. Sin embargo, su vida se cruza cada vez más seguido con las huellas del ser humano: rutas, campos, cercas, basura. Y, como en este caso, el resultado suele ser fatal.
Este episodio vuelve a plantear una pregunta urgente: ¿hasta cuándo podrán sobrevivir estos animales en territorios cada vez más fragmentados por nuestras actividades? La protección de los espacios naturales, el respeto por la vida silvestre y la incorporación de medidas efectivas —como pasos de fauna y señalización adecuada en rutas— no pueden seguir esperando.










