La propuesta de instalar un “Reloj ornamental en el acceso a nuestra ciudad”, con una inversión cercana a los 88 millones de pesos, generó una mirada crítica por parte del ingeniero Leonardo José Hoet, quien decidió plantear públicamente sus dudas sobre el proyecto y, sobre todo, sobre su mantenimiento a futuro.
En un escrito enviado a nuestro medio, Hoet sostiene que esos recursos podrían ser destinados a otras necesidades que considera prioritarias, como saneamiento, arreglo de calles y atención de necesidades inmediatas.
Pero su principal preocupación pasa por una pregunta que, según plantea, debería hacerse antes de avanzar: ¿quién se hará cargo del mantenimiento del reloj una vez instalado?
La preocupación por el mantenimiento
El ingeniero toma como antecedente el sistema de riego automático instalado en plaza Ramírez en 2014, por el que señala que se habían destinado alrededor de 5 millones de pesos. A partir de ese ejemplo, cuestiona qué ocurre con las obras y equipamientos una vez que pasa el tiempo y requieren mantenimiento.
En el caso del nuevo reloj, advierte además sobre distintos elementos que quedarían expuestos al clima y a posibles actos de vandalismo.
Según su planteo, el proyecto contempla plantas ornamentales y un reloj con mecanismos que podrían requerir mantenimiento, además de agujas ubicadas a una altura que, de acuerdo con la documentación de la licitación que menciona, quedarían al alcance de las personas.
La pregunta que deja planteada es cuánto tiempo podría funcionar correctamente antes de necesitar reparaciones y quién asumiría esos costos.
Una alternativa: un reloj de sol
Frente a esto, Hoet propone una alternativa que considera más sencilla: un reloj de sol.
Explica que se trata de un dispositivo astronómico que permite determinar la hora mediante la sombra proyectada por un elemento denominado gnomon.
En su planteo menciona distintos ejemplos existentes en Argentina, entre ellos relojes de sol ubicados en Buenos Aires y el circuito turístico de relojes de sol de la zona de Trevelin y Esquel, en Chubut.
Pero el punto central de su propuesta está en el mantenimiento.
Hoet destaca que un reloj de sol no tiene partes móviles ni necesita energía para funcionar, por lo que considera que tendría menos posibilidades de sufrir desperfectos mecánicos y que la exposición al clima no afectaría su funcionamiento de la misma manera que a un mecanismo convencional.
“Podría construirse con recursos propios”
Otro de los argumentos planteados por el ingeniero es que una obra de estas características podría realizarse, según su opinión, con recursos propios del Municipio, utilizando el trabajo de profesionales como ingenieros y arquitectos.
Incluso propone que podría convertirse en un atractivo turístico diferente para la ciudad: “el único reloj de Sol en la costa del Río Uruguay”, tal como lo plantea en su escrito.
También sostiene que el costo de una alternativa de este tipo sería considerablemente menor que los 88 millones de pesos previstos para el reloj ornamental, aunque aclara que se trata de una estimación personal.
Una crítica que apunta más allá del reloj
El planteo de Hoet no se limita al diseño del futuro reloj. En el fondo, su cuestionamiento apunta a cómo se toman las decisiones sobre el uso de los recursos públicos y qué sucede con las obras una vez inauguradas.
Reconoce que su propuesta probablemente no modifique una decisión que, según afirma, ya está tomada, pero considera que la discusión sirve para pensar en otras alternativas.
Su reflexión final es directa: “¿No será tiempo de poner las patas en el piso y pensar en cómo hacer mejor las cosas?”
